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No podemos filosofar,
ni siquiera hilvanar alguna teoría social para describir lo que pasa en la
Bolivia de hoy, cuando luego de cuatro años de ausencia encontramos una
realidad tan diferente, rostros desconocidos que se han apropiado de las
ciudades. Ciertas medidas económicas y ciertas leyes han
conseguido cambiar al hombre boliviano. La sonrisa se ha trocado en gesto adusto. La eterna
esperanza ha cedido paso al desaliento. Por donde recorro el paso encuentro
tristeza, falta de fe, diría mejor, mal humor y bronca.
La Plaza 14, en algún momento nombrada la de las 4 jotas por José Medrano,
en alusión a las gentes que ocupan los asientos de sus cuatro costados, los
"judíos", los "jubilados", los "jodidos" en
aquel momento como hoy los desocupados y los perseguidos por el Control
Político de San Román, el jefe del espionaje movimientista y los
"jodedores", vale decir las huestes represoras formadas por
milicianos, policías y agentes de los servicios parapoliciales que según el
Dr. Walter Guevara, funcionaron con una perfección "anglosajona",
esta Plaza esta convertida en un foro del descontento, de la agitación, de
la organización de los movimientos mal llamados "populares" y que
se aprestan a la toma del poder, mas temprano que tarde.
Se me ocurrió merodear la Plaza de Armas a diferentes horas, en diferentes
días. En verdad que me dejó pasmado escuchar a campesinos con acento no
boliviano, hablar con precisión de "vendedores de baratillo" de
la forma de preparar bombas molotov, resistir gases lacrimógenos, repeler a
los carabineros y realizar la toma de objetivos determinados. El lenguaje
repetitivo, aprendido como un catecismo, habla de karas y taras, de ricos y
pobres de "nosotros y los otros", de los pueblos quechuas y
aymaras, de los blancos que usufructúan del poder, hoy como desde hace 500
años, y que esta llegando la hora de tomar posiciones. El lenguaje es más que osado, es irreverente, agresivo y aterrador.
Comentando el tema con algunos intelectuales, estas fueron sus reacciones.
"Claro está que estamos jodidos en grado superlativo". La
"capitalización" nos ha empobrecido a todos. Nos han robado
nuestra identidad. Ya no queda nada, todo ha sido vendido, estamos en la
"cochina calle". La clase política ha destrozado este país y
ahora nos quieren entregar a Chile, para que nos despoje de lo único que
nos queda, la riqueza del gas. No faltan sin embargo criterios algo más
moderados. "Lo que pasa es nadie quiere trabajar. Todo el mundo
aprendió a vivir de la manga. El viejo axioma de la mayor ganancia por el menor
esfuerzo está todavía vigente. La corrupción es tal, que ha desalentado a
los más pobres, que viendo el ejemplo de políticos y autoridades, no
quieren hacer nada."
Lo cierto es que la carencia de fuentes de trabajo es una tragedia. Miles
de jóvenes de ambos sexos de raigambre popular y de clase media
empobrecida, pugnan cada día por salir del país, adonde sea, muchos que lo
consiguen son jóvenes profesionales recién egresados de universidades e
institutos y que van a engrosar las filas de la fuerza de trabajo de países
desarrollados. Cuanta inversión representa para Bolivia cada uno de ellos,
algunos estiman en 80 mil dólares, destinados a contribuir directamente a
las economías de Estados Unidos, Europa y de otros destinos de esta
generación de emigrantes en busca de trabajo. Lo paradójico resulta la
enorme necesidad de implementar proyectos de desarrollo dentro del país que
a su vez involucra a empresas y personal de los países que nos facilitan
los capitales y la tecnología para su ejecución.
En fin. La mendicidad aumento de tamaño, aunque los escenarios son los
mismos: plazas, mercadas y avenidas. No se pone en duda la cantidad ni la
calidad de instituciones dedicadas a captar recursos para los niños de la
calle, pero siguen siendo algunos cientos los vagabundos y desamparados,
los mendicantes y kleferos, algunos de ellos cargando en los brazos a
inocentes criaturas de pocos meses que ya aprendieron a extender sus
manitas. Y que
decir de la criminalidad? Al parecer los propios medios se han extenuado en
la tarea de enumerar cada jornada de delitos. Los asaltos a mano armada en
plena vía publica, los robos en domicilios, oficinas y tiendas de comercio
son tan frecuentes que a nadie le llaman ya la atención, comprobamos una
ciudadanía resignada a sufrir, a no quejarse y lo mas curioso, como
perdieron la fe en sus organismos policiales y judiciales, ha emprendido la
vía de hacer justicia por mano propia generando una ola de linchamientos
que terminan en la impunidad, un poco de publicidad en torno de ellos y luego
un silencio culpable. Dios mío a que extremos hemos
llegado!
En fin estas percepciones no serán las ultimas, pero son las que mayor
impacto provocan al viajero desprevenido, que no obstante haber vivido casi
20 años en Cochabamba, todavía no termina de conocerla y se siente tan
desconcertado con las nuevas gentes que se han mudado a ella provenientes
de la diversa geografía de esta nuestra Patria llamada Bolivia.
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