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Mauricio Aira
Periodista boliviano que reside en Suecia

Visiones de una Bolivia inédita
(15 Abr 2004)


No podemos filosofar, ni siquiera hilvanar alguna teoría social para describir lo que pasa en la Bolivia de hoy, cuando luego de cuatro años de ausencia encontramos una realidad tan diferente, rostros desconocidos que se han apropiado de las ciudades. Ciertas medidas económicas y ciertas leyes han conseguido cambiar al hombre boliviano. La sonrisa se ha trocado en gesto adusto. La eterna esperanza ha cedido paso al desaliento. Por donde recorro el paso encuentro tristeza, falta de fe, diría mejor, mal humor y bronca.

La Plaza 14, en algún momento nombrada la de las 4 jotas por José Medrano, en alusión a las gentes que ocupan los asientos de sus cuatro costados, los "judíos", los "jubilados", los "jodidos" en aquel momento como hoy los desocupados y los perseguidos por el Control Político de San Román, el jefe del espionaje movimientista y los "jodedores", vale decir las huestes represoras formadas por milicianos, policías y agentes de los servicios parapoliciales que según el Dr. Walter Guevara, funcionaron con una perfección "anglosajona", esta Plaza esta convertida en un foro del descontento, de la agitación, de la organización de los movimientos mal llamados "populares" y que se aprestan a la toma del poder, mas temprano que tarde.

Se me ocurrió merodear la Plaza de Armas a diferentes horas, en diferentes días. En verdad que me dejó pasmado escuchar a campesinos con acento no boliviano, hablar con precisión de "vendedores de baratillo" de la forma de preparar bombas molotov, resistir gases lacrimógenos, repeler a los carabineros y realizar la toma de objetivos determinados. El lenguaje repetitivo, aprendido como un catecismo, habla de karas y taras, de ricos y pobres de "nosotros y los otros", de los pueblos quechuas y aymaras, de los blancos que usufructúan del poder, hoy como desde hace 500 años, y que esta llegando la hora de tomar posiciones.
El lenguaje es más que osado, es irreverente, agresivo y aterrador.

Comentando el tema con algunos intelectuales, estas fueron sus reacciones. "Claro está que estamos jodidos en grado superlativo". La "capitalización" nos ha empobrecido a todos. Nos han robado nuestra identidad. Ya no queda nada, todo ha sido vendido, estamos en la "cochina calle". La clase política ha destrozado este país y ahora nos quieren entregar a Chile, para que nos despoje de lo único que nos queda, la riqueza del gas. No faltan sin embargo criterios algo más moderados. "Lo que pasa es nadie quiere trabajar. Todo el mundo aprendió a vivir de la manga. El viejo axioma de la mayor ganancia por el menor esfuerzo está todavía vigente. La corrupción es tal, que ha desalentado a los más pobres, que viendo el ejemplo de políticos y autoridades, no quieren hacer nada."

Lo cierto es que la carencia de fuentes de trabajo es una tragedia. Miles de jóvenes de ambos sexos de raigambre popular y de clase media empobrecida, pugnan cada día por salir del país, adonde sea, muchos que lo consiguen son jóvenes profesionales recién egresados de universidades e institutos y que van a engrosar las filas de la fuerza de trabajo de países desarrollados. Cuanta inversión representa para Bolivia cada uno de ellos, algunos estiman en 80 mil dólares, destinados a contribuir directamente a las economías de Estados Unidos, Europa y de otros destinos de esta generación de emigrantes en busca de trabajo. Lo paradójico resulta la enorme necesidad de implementar proyectos de desarrollo dentro del país que a su vez involucra a empresas y personal de los países que nos facilitan los capitales y la tecnología para su ejecución.

En fin. La mendicidad aumento de tamaño, aunque los escenarios son los mismos: plazas, mercadas y avenidas. No se pone en duda la cantidad ni la calidad de instituciones dedicadas a captar recursos para los niños de la calle, pero siguen siendo algunos cientos los vagabundos y desamparados, los mendicantes y kleferos, algunos de ellos cargando en los brazos a inocentes criaturas de pocos meses que ya aprendieron a extender sus manitas.
Y que decir de la criminalidad? Al parecer los propios medios se han extenuado en la tarea de enumerar cada jornada de delitos. Los asaltos a mano armada en plena vía publica, los robos en domicilios, oficinas y tiendas de comercio son tan frecuentes que a nadie le llaman ya la atención, comprobamos una ciudadanía resignada a sufrir, a no quejarse y lo mas curioso, como perdieron la fe en sus organismos policiales y judiciales, ha emprendido la vía de hacer justicia por mano propia generando una ola de linchamientos que terminan en la impunidad, un poco de publicidad en torno de ellos y luego un silencio culpable. Dios mío a que extremos hemos llegado!

En fin estas percepciones no serán las ultimas, pero son las que mayor impacto provocan al viajero desprevenido, que no obstante haber vivido casi 20 años en Cochabamba, todavía no termina de conocerla y se siente tan desconcertado con las nuevas gentes que se han mudado a ella provenientes de la diversa geografía de esta nuestra Patria llamada Bolivia.


 

 

 

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