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Muchas alcaldías han decidido brindar un desayuno escolar a ninos y jóvenes de
rico contenido dietético que incluye necesariamente la leche en sus diversas
presentaciones. Se ha sabido que el país no produce el vital alimento en
cantidades suficientes para abastecer la demanda sostenida de los centros
educacionales de las ciudades y el campo por lo que se ha tomado el camino de
importar productos lácteos para cubrir el porcentaje diferencial. Al mismo
tiempo se ha informado que el subsidio del Estado al rubro del desayuno
escolar llega a cifras millonarias.
Ahora bien. El 14 de diciembre de 1988 Guillermo Bedregal en nombre del
Gobierno de Bolivia suscribió en Viena un convenio con Bernt Ljungquist de la
Comunidad Gilead de Suecia ante Giuseppe Di Genaro de la Comisión de Naciones
Unidas contra la Droga y el Crimen, para emprender un proyecto de Desarrollo
Alternativo de Fomento Lechero Integral a ejecutarse en la región de
Ivirgarzama, Chapare con el nombre de Proyecto de Desarrollo
Socio-Comunitario y Lechería (AD/BOL/88/415) para la creación y fomento de
industrias partiendo de una Planta Industrializadora de Leche, denominada
Milka.
Haciendo honor a su probada honestidad y seriedad, los escandinavos de Gilead
se empenaron a fondo y rubricaron con éxito la inauguración de la Planta
tiempo después y la puesta en marcha de un proceso de producción sostenido y
ascendente hasta alcanzar 8.000 mil litros dia en 1993, según todos los
pronósticos, Milka debería llegar hasta los 12.000 litros como punto de
equilibrio de sus operaciones financieras.
En forma fiel y documentada hemos sostenido, que un memorándum autoritario y
tajante conminó a los responsables de Milka a que abandonaran el país en el
término perentorio de 48 horas en enero de 1994. Tanto el gerente de
producción Staffan Eklöv cuanto el administrador Lars Augustsson declararon a
la prensa sueca (Dagens Nyheter, Göteborgs Posten y Vasabladet) que no podían
explicarse el porqué de esa decisión. El personal boliviano renunció de
inmediato a sus puestos de dirección en cuanto la medida de expulsión de los
escandinavos fué ejecutada. Dejando de lado un análisis más profundo del
porqué y quienes fueron los promotores de tal desatinada medida, volvamos al
aspecto que nos ocupa.
Milka pudo movilizar con un éxito notable a varios miles de chaparenos que
dejando las plantaciones de hojas de coca, se dedicaron con interés,
capacidad y resultados positivos a cuidar de su ganado vacuno y producir
leche. Lo ocurrido durante los anos 91, 92 y 93 fué tan llamativo, porque se
estaba dando un desarrollo alternativo práctico, eficaz, que muchos observadores
internacionales que visitaron la zona calificaron el proyecto de un gran
acierto.
Conocido es el desenlace de Milka, pasó por tres administraciones después de
Augustsson, Naciones Unidas, Fonadal y un empresario privado que finalmente
clausuró la producción y terminó por cerrar la Planta que hoy permanece como
un elefante blanco sin beneficio alguno.
Veamos entonces. La urgente necesidad de leche para el desayuno escolar, la
carencia de real capacidad para cubrir la demanda de consumo, la urgencia de
agenciar recursos entre ellos de la ayuda internacional, y por otro, la
existencia de un proyecto que alcanzó una producción ideal bajo tecnología y
sistemas de administración de punta, campo en que la competencia de los
escandinavos es bien reconocida, y que hoy no funciona.
Es difícil encontrar sólidos argumentos para explicar esta situación. Un
experto de la Agencia sueca para el Desarrollo (ASDI) nos decía que, no
resultará fácil para el Gobierno de Bolivia encontrar cooperación en éste
rubro específico, si acaso no existe una explicación racional de la causa por
la que se ha parado la producción en una planta como Milka, fruto de la
solidaridad internacional y de la combinación de los recursos del máximo
organismo, de los cristianos de Suecia y del gobierno de Bolivia, que si bien
no aportó monetariamente concedió desgravar de impuestos la internación de
maquinaria y equipo y por medio del Instituto de Reforma Agraria cedió los
predios para edificar la planta industrial.
Hablando en oro, como diría Winston Extremadoiro, qué clase de
administradores posée nuestra Patria, que no sabe cuidar lo que tiene y lo
que recibe de regalo lo menosprecia para volver a extender las manos, en una
actitud de eterno pedigueno que ni siquiera les llena de rubor, en la
esperanza talvez de que siempre habrá quién les arroje unas monedas.
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