Mauricio Aira
Periodista boliviano que reside en Suecia

Leche, subsidios y cooperación internacional
(16 Jun 2003)


Muchas alcaldías han decidido brindar un desayuno escolar a ninos y jóvenes de rico contenido dietético que incluye necesariamente la leche en sus diversas presentaciones. Se ha sabido que el país no produce el vital alimento en cantidades suficientes para abastecer la demanda sostenida de los centros educacionales de las ciudades y el campo por lo que se ha tomado el camino de importar productos lácteos para cubrir el porcentaje diferencial. Al mismo tiempo se ha informado que el subsidio del Estado al rubro del desayuno escolar llega a cifras millonarias.

Ahora bien. El 14 de diciembre de 1988 Guillermo Bedregal en nombre del Gobierno de Bolivia suscribió en Viena un convenio con Bernt Ljungquist de la Comunidad Gilead de Suecia ante Giuseppe Di Genaro de la Comisión de Naciones Unidas contra la Droga y el Crimen, para emprender un proyecto de Desarrollo Alternativo de Fomento Lechero Integral a ejecutarse en la región de Ivirgarzama, Chapare con el nombre de Proyecto de Desarrollo Socio-Comunitario y Lechería (AD/BOL/88/415) para la creación y fomento de industrias partiendo de una Planta Industrializadora de Leche, denominada Milka.

Haciendo honor a su probada honestidad y seriedad, los escandinavos de Gilead se empenaron a fondo y rubricaron con éxito la inauguración de la Planta tiempo después y la puesta en marcha de un proceso de producción sostenido y ascendente hasta alcanzar 8.000 mil litros dia en 1993, según todos los pronósticos, Milka debería llegar hasta los 12.000 litros como punto de equilibrio de sus operaciones financieras.

En forma fiel y documentada hemos sostenido, que un memorándum autoritario y tajante conminó a los responsables de Milka a que abandonaran el país en el término perentorio de 48 horas en enero de 1994. Tanto el gerente de producción Staffan Eklöv cuanto el administrador Lars Augustsson declararon a la prensa sueca (Dagens Nyheter, Göteborgs Posten y Vasabladet) que no podían explicarse el porqué de esa decisión. El personal boliviano renunció de inmediato a sus puestos de dirección en cuanto la medida de expulsión de los escandinavos fué ejecutada. Dejando de lado un análisis más profundo del porqué y quienes fueron los promotores de tal desatinada medida, volvamos al aspecto que nos ocupa.

Milka pudo movilizar con un éxito notable a varios miles de chaparenos que dejando las plantaciones de hojas de coca, se dedicaron con interés, capacidad y resultados positivos a cuidar de su ganado vacuno y producir leche. Lo ocurrido durante los anos 91, 92 y 93 fué tan llamativo, porque se estaba dando un desarrollo alternativo práctico, eficaz, que muchos observadores internacionales que visitaron la zona calificaron el proyecto de un gran acierto.

Conocido es el desenlace de Milka, pasó por tres administraciones después de Augustsson, Naciones Unidas, Fonadal y un empresario privado que finalmente clausuró la producción y terminó por cerrar la Planta que hoy permanece como un elefante blanco sin beneficio alguno.

Veamos entonces. La urgente necesidad de leche para el desayuno escolar, la carencia de real capacidad para cubrir la demanda de consumo, la urgencia de agenciar recursos entre ellos de la ayuda internacional, y por otro, la existencia de un proyecto que alcanzó una producción ideal bajo tecnología y sistemas de administración de punta, campo en que la competencia de los escandinavos es bien reconocida, y que hoy no funciona.

Es difícil encontrar sólidos argumentos para explicar esta situación. Un experto de la Agencia sueca para el Desarrollo (ASDI) nos decía que, no resultará fácil para el Gobierno de Bolivia encontrar cooperación en éste rubro específico, si acaso no existe una explicación racional de la causa por la que se ha parado la producción en una planta como Milka, fruto de la solidaridad internacional y de la combinación de los recursos del máximo organismo, de los cristianos de Suecia y del gobierno de Bolivia, que si bien no aportó monetariamente concedió desgravar de impuestos la internación de maquinaria y equipo y por medio del Instituto de Reforma Agraria cedió los predios para edificar la planta industrial.

Hablando en oro, como diría Winston Extremadoiro, qué clase de administradores posée nuestra Patria, que no sabe cuidar lo que tiene y lo que recibe de regalo lo menosprecia para volver a extender las manos, en una actitud de eterno pedigueno que ni siquiera les llena de rubor, en la esperanza talvez de que siempre habrá quién les arroje unas monedas.

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