Mauricio Aira - rodelu.net

 


11 de Octubre de 2004

 

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La muerte del hombre
que quiso ser Dios

Mauricio Aira

Con la velocidad del rayo, en contados minutos merced al prodigio de Internet, la noticia de la muerte de Christopher Reeve, ha dado la vuelta al mundo. No es una muerte más, es un punto alto para la reflexión 

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espiritual, esotérica, si se quiere, en todo caso para detenerse en ello.

¿Quién podrá olvidar la figura de Superman volando por encima de los rascacielos de Nueva York y acudiendo por obra de la magia al escenario donde los malechores pretendían hacer de las suyas? En verdad, no han pasado más de 30 años de la serie de films sobre Superman que logró impactar la imaginación de niños, jóvenes y adultos. Qué maravilla, cómo puede ser que el hombre pueda volar! Y detener con un brazo un gigantezco avión de pasajeros, o un tren eléctrico salido de rieles, o un transatlántico a punto de naufragar. Tan sólo Superman, era capaz de semejante hazaña. Entonces, dónde andaba Superman el 11 de Septiembre, que no pudo evitar la destrucción de las torres gemelas y la muerte de miles de neoyorkinos?

Superman, o sea Christopher Reeve estaba en una silla de ruedas, hoy es un cadáver. Toda su fuerza, todo su poder, su velocidad y energía se desaparecieron cuando Reeve al caerse de un caballo se fraturó dos vértebras y se dañó la columna quedando paralizado, “tetrapléjico” dicen los médicos, en silla de ruedas y valiéndose de un respirador artificial para sobrevivir. He aquí las dos imágenes. Lado a lado. El superhombre volando, convertido en un dios por la magia del cine, y la del paralítico sin apenas moverse, ni poder hablar. ¿Cómo puede tratarse de la misma persona!

El profundamente creyente querrá ver un signo del poder supremo. Antes volando y parando aviones, trasladándose a la velocidad de la luz de un confín a otro del planeta, derrotando solo ejércitos enteros o pulverizando a los invasores de la tierra, cuando de pronto, un caballo lo convierte en un muerto viviente. Lejos de la voluntad de Reeve de retar a Dios, pero sus “hacedores” los creadores de esa fantasía del hombre de acero, talvez sin proponérselo, por el afán de obtener ganancias divirtiendo a los cinéfilos, nos crearon un personaje de carne y huesos que colocaron ante Dios. Y entonces, sea por la caída del caballo u otras razones, el hecho es que Superman quedó reducido a una piltrafa humana. Ahora, el actor Reeve hizo todo lo posible por sembrar su paso por la vida de buenas obras desde cuando le ocurrió la desgracia.

Se convirtió en un activista de Naciones Unidas, de Amnistía Internacional y del Medio Ambiente, inclusive haciendo uso supremo de los casi inexistentes recursos físicos pudo continuar su obra cinematográfica. Su ejemplo de esforzado tetrapléjico, le valió premios y distinciones. Quizá fué este humano quehacer, digno de elogio, una especie de meaculpa por la pretensión de su personaje subrealista de compararse al Creador.

Por tanto aunque Superman perteneció al género de lo inverosímil, o al mundo de la ficción, fue tan grande su influencia en nuestras mentes que no pudimos obrar la dicotomía de lo verdadero no ficcional, como bien clasifica Dunia Gras cuando se refiere a Manuel Scorza que nos habla de la ficción del nuevo mundo posible, con lo fantasmagórico, no en nuestra mentalidad adolescente, y tratamos en el subconciente de clasificar los buenos, los norteamericanos amigos de Superman, los malos todos los otros enemigos de Superman. Y cuando descubrimos que la verdad, no la ficción de Superman, desaparece primero con su encarnación Christopher Reeve al convertirse por acción de la tetraplejía en un disminuído físico y su muerte, necesariamente también muere Superman con todos sus portentos y atributos sobrenaturales.

Con la licencia de nuestros benévolos lectores, séanos permitido por una vez dar vuelo a la imaginación en ocasión de la desaparición del actor Christopher Reeve que con sus 52 anos de vida, pone fin al personaje que averió nuestra siquis y cambió la visión del mundo hace ya 27 años.

Mauricio Aira
Periodista boliviano
mauricio.aira@comhem.se

 

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