2005-03-15

Inmigracion y legalización

 

 

En Suecia no existe una tradición acerca del beneficio de amnistía para favorecer a los hombres y mujeres que no cuentan con sus permisos de residencia o de trabajo. La amnistía que es común en países como Estados Unidos, y que de cuando en cuando favorece a los ilegales, no es considerada una panacea. Resuelve problemas de un alto porcentaje de extranjeros, generalmente de los que tienen trabajo permanente, pero deja al descubierto a otros muchos que llegaron un dia, con la esperanza de trabajar y se han quedado viviendo como pueden, en la esperanza de conseguir algo para subsistir dignamente.
El Consejo de Iglesias que ha venido desarrollando una campana en Suecia tiene la convicción que una amnistía inédita conceda el beneficio de permanencia al menos por un tiempo determinado, según la usanza sueca primero de un ano y luego ir renovando estos permisos cada seis meses, durante cuatro veces antes de otorgar la visa de residencia permanente, si acaso no median situaciones conflictivas como ser que el solicitante hubiese sido aprehendido en situaciones criminosas.
El beneficio de amnistía que está reclamando el consejo de las organizaciones religiosas entre las cuales también están los musulmanes además de las agrupaciones cristianas, pretende que el Parlamento emita una resolución que conceda la residencia en forma colectiva a todas las personas que estén viviendo en forma clandestina, o sea ocultos ante los registros del departamento de Inmigración y de la policía y que después de haber vivido en esas condiciones varios anos, y estar en la práctica dentro del mercado de trabajo (ejercitando lo que se llama “trabajo negro” generalmente mal remunerado y que no paga impuestos) pudieran tener el apoyo de la Ley y el disfrute de todos los beneficios de carácter legal y social dentro de la sociedad de bienestar.
Es muy difícil que un pedido de esta naturaleza prospere en Suecia, aunque los argumentos son muy valederos y de índole normativa, es decir introducir un factor de ordenamiento legal en la vida de esas personas cuya existencia, hoy en dia, simplemente ignora la Sociedad. Lo más que podría suceder es que todas esas personas podrían beneficiarse con la otorgación de visas por tiempo limitado, por seis meses o un ano y a partir de entonces, se pondrían en la misma situación que los demás recién llegados, o sea, proceder con las renovaciones periódicas hasta obtener después de tres anos, la residencia permanente.
Lo que muchos ignoran es que los ilegales, o indocumentados no tienen es el derecho a la ayuda social.
O sea, que por grande que sea su necesidad por ejemplo de dinero para su alimentación, vivienda, vestido, salud y educación, no tienen acceso legalmente. O sea, en los hechos, están los indocumentados desamparados, desprotegidos de este casco social que permite una subsistencia mínimamente aceptable.
En la práctica los miles de mujeres y de hombres que están al margen de las leyes, están viviendo o del trabajo negro o de la caridad o si se quiere de la solidaridad de ciertos colectivos, como las iglesias que les dan vivienda, comida y a veces ropa y medicinas pero, solamente en forma temporaria.
En todo caso, el problema existe, está allí con toda su carga de tragedia humana que significa especialmente cuando entre los afectados están ninos y jóvenes necesitados de un marco normal de convivencia para dedicarse al estudio o al trabajo bajo condiciones de seguridad social aceptables.
El estudio debe continuar y la búsqueda de las soluciones, si bien no serán éstas de estilo salomónico o sea simples y absolutas.
Para terminar donde empezamos. En Estados Unidos, muchos legisladores están en contra de una amnistía de tipo general, las experiencias vividas no llegaron a resolver el gravísimo problema de los inmigrantes, especialmente de origen latino que atraviesan las extensas fronteras entre México y Estados Unidos o entre Canadá y Estados Unidos, más al contrario, al ponerse al descubierto mujeres y hombres de su condición de residentes sin permiso, fueron rápidamente expulsados y lograron quedarse relativamente muy pocos que pudieron probar que estaban trabajando y que sus empleadores podían garantizarles un salario.

 

 

 


2005-03-14

 

Una más generosa politica de inmigración

 

 

Estos dias se nos ha trasmitido desde la televisión, las radioemisoras, los diarios impresos el pedido de la Iglesia unida de lutheranos y católicos, de ortodoxos y protestantes, para que el Gobierno y el Parlamento asuman una política de Inmigración humanizada.
Se han dado ejemplos prácticos de personas provenientes de Irán, países asiáticos y de latinoamérica, que han llegado de facto a Suecia y han tenido oportunidad de trabajar, generalmente en el área de servicios, uno, dos y hasta cinco anos y que están amenazados con ser expulsados del Reino, por cuanto no tienen el permiso de residencia y menos el de trabajo para continuar viviendo en las ciudades o aún en los pueblos.
Ya lo veíamos venir. Ninguna persona sin un formal permiso de residencia puede vivir en forma permanente en Suecia. Las reglas se han venido haciendo más y más rigurosas especialmente desde su ingreso a la Unión Europea que ha venido adoptando severas limitaciones para frenar el ingreso de inmigrantes de hecho.
Estas nuevas leyes que se están uniformando en los 25 países que conforman la Unión, han puesto la mira en facilitar el intercambio poblacional de unos a otros. En efecto, un espanol, un griego o un lituano pueden ingresar a Suecia sin problema alguno y ponerse a buscar trabajo. Si lo consiguen en el campo de sus capacidades y competencias pueden solicitar y obtener la residencia permanente que significa la capacidad de disfrutar de una sociedad, llamada de bienestar, que pretende conceder un marco de seguridad social para el solicitante y su entorno familiar, es decir la esposa y los hijos menores de edad.
Ya se han dado caso de expulsiones policiales de muchos residentes de varios anos, de trabajadores sin permiso que se encontraban conviviendo en la sociedad sueca sin mayores contratiempos.
Las expulsiones se cumplen “a raja tabla” y los expulsados son virtualmente echados del Reino sin contemplación alguna, con toda la secuela de dolor, inseguridad, abandono que ello conlleva.
De ahí que no causa extraneza que se hubieran unido todas las iglesias para reclamar por una más generosa política humanitaria, “ya que hoy en dia uno se siente avergonzado de ser sueco", como lo expresara el Arzobispo lutherano refiriéndose a la dureza de las autoridades en aplicar las nuevas reglas que han cambiado de generosa en restrictiva la política de inmigración.
En todo caso, el debate prosigue y se espera en los próximos dias las reacciones de los legisladores y del poder ejecutivo, en lo referente a las órdenes de expulsión de los residentes informales con varios anos de trabajo dentro de Suecia.

 

(ur INVANDRAREN, utgiven av Immigranternas Riksförbund)

 

 

Mauricio Aira
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426 77 V. Frölunda
SWEDEN

 

Tel: +4631 453469

 

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