A los ojos de la Fe

 

Mauricio Aira

 

Vana tarea primero, de todos los especuladores que apostaban por el nombre de un cardenal determinado según sus preferencias por la región, por el color, por sus tendencias, luego las pretendidas explicaciones del porqué fué elegido el Cardenal Ratzinger y ningún otro, como Jefe Universal de la Iglesia.

 

Cuánta diversidad de opiniones y de sentimientos y de intenciones. Tan sólo El Mundo de Madrid, ha recibido en un foro, por encima de 1.500 participaciones de otros tantos lectores de todo el planeta sobre el significado de esta elección. Luego están los analistas que dicen, la Iglesia se endurece, se encamina a una derechización más secante, el tradicionalismo del papa polaco se quedará chico frente al nuevo papa de origen alemán. Lo cierto es que debe verse esto con ojos de Fe, de confianza en Dios, del interés del hombre, rey de la creación y alrededor de cuyo libre albedrío, gira toda la religión cristiana. De otra manera, sólo estaríamos incurriendo en el error de la especulación, la conjetura, la seudo profetización.

 

Por lo demás, si vemos los signos encontraremos mucho de positivo en una visión global. Que el nombre elegido de Benedicto XVI, quiere decir bendecido, o sea lleno a bondades, de abundancia, de dicha. Que quienes lo antecedieron con igual nombre se caracterizaron por la diplomacia, la sapiencia en la administración de la Iglesia, y todos los benedictos han sido pacifistas y amantes del diálogo. Además, por la avanzada edad del nuevo papa, 78 anos recién cumplidos, tenemos que reconocer que se tratará de un papa de transición. De un pontificado corto, pero que estará lleno de sorpresas por su gran conocimiento de esta organización que lleva tantos siglos, cual la que más, bajo características cambiantes, adecuándose al paso de los tiempos, pero manteniendo unos principios firmes, hoy como hace mil anos, hace un milenio, como en los principios de la era cristiana.

 

Hay cierta prisa por nuevos cambios. Sacerdocio femenino. Liberalidad con los homosexuales. Permisividad en el tema matrimonio, familia, procreación. Matrimonio de los sacerdotes, etc., etc., aunque también por la justicia social, la paz universal, una mejor distribución de los bienes terrenales y una política solidaria entre todos los pueblos del mundo. Los cambios llegarán, tarde o temprano, aunque nadie puede establecer el orden de prioridad de estos asuntos en la agenda del Vaticano. Si al largo pontificado de Pio XII, siguió uno corto como el de Juan XXIII, quién convocó al Concilio Vaticano Segundo y dió pasos hacia la modernización de la Iglesia, al largo pontificado de Juan Pablo Segundo, vendrá, sin duda un período corto de grandes sorpresas, de preparación para otro período estable de un papa joven, quizá uno del tercer mundo, quizá de color, quién sabe si latinoamericano o africano.

 

Toda religión tiene algo de mágico, de misterioso. También el cristianismo. La llegada de Jesús se vino profetizando a lo largo de cuatro mil anos, en todo el Viejo Testamento, su nacimiento fué singular, alumbrado por una estrella luminosa que se posó sobre  Belén. La llegada de los reyes magos, su crecimiento en Nazaret y su presencia en el templo de Jerusálem para ensenar a los doctores. Su vida pública, donde convierte al agua en vino, multiplica los peces y los panes, cura enfermos, resucita muertos, predica para el encanto y deleite de sus seguidores de todos los tiempos. Su apresamiento, crucifixión y muerte y su resurrección, todo es mágico, poco claro a los ojos humanos, absolutamente diáfano a los ojos de la Fe.

 

Por ello, la elección del nuevo sucesor de Cristo en la tierra tenemos que verla con esa visión profética, espiritual, donde todo está claro, más aún cuando Benedicto XVI ha dicho que le turba la tremensa responsabilidad, pero que también escucha a su predecesor que le dice “Animo, no tengas miedo”, toma tu cruz. Y en seguida: Juan Pablo Segundo nos ha dejado una iglesia “más valiente, más joven, más libre” y diríamos nosotros más respetada y escuchada para senalar los senderos de paz, de comprensión, de justicia social a todos los que llevan sobre sus hombros la responsabilidad del liderazgo.

 

Tillbaka

 

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