El Abate Pierre padre de los pobres

(En homenaje al misionero Jean-Erik Mårtensson)

Mauricio Aira

 

Todavía adolescente con el fervor de la juventud cristiana oímos hablar de un fraile que había sido político y diputado en Francia y que finalmente se había convertido en religioso consagrado a socorrer al sector de los más pobres de París, los desamparados, los recolectores de basura, conocidos como “los traperos”.

 

 

 

Instalado de diputado entre 1945 y 1951 por el Movimiento Republicado Popular de inspiración demócrata cristiana, decidió muy claramento la opción por los más pobres. Su sueldo de diputado lo destinó al montaje de alojamientos precarios para los primeros traperos de Emaús que adoptaron este título del Nuevo Testamento.

 

Presentó su proyecto al Parlamento, unido aquellos hombres que al nacer la luz de cada amanecer salían a rebuscar de entre la basura desde sus viviendas improvisadas de carrocerías en desuso o camiones semidestruídos. Al principio eran sólo 19 y su ocupación consistía en recoger trapos y venderlos y con el dinero mantener la vivienda colectiva donde también se preparaba una olla común. El Abate vivía en medio de ellos, y no tardó en ser visible ante la prensa de París.

 

Algunos funcionarios veían con desagrado el accionar del religioso, “lo que estás haciendo es ilegal” y éste replicaba “No es que sea ilegal, lo que pasa es que la Ley todavía no ha llegado hasta donde están, porque aún no tienen agua, ni tienen corriente eléctrica”. Al terminar su mandato como diputado, se terminó el flujo de fondos que ello representaba, al extremo que estuvo a un paso de disolver la comunidad de traperos,  el monje veía frustrarse la obra que apenas estaba empezando, y que se había constituído en una esperanza de vida, para muchos desocupados que tenían en esta actividad su único sustento. Qué hacer?

 

Hasta que el 4 de enero de 1954 pudo comprobar que dia tras dia morían mas pobres indigentes en las calles de la gran metrópoli a causa del frío, del hambre, del abandono e hizo un llamado a las autoridades para que habilitase albergues en forma urgente. Su grito desesperado de S.O.S. no mereció ninguna respuesta oficial, como casi siempre ocurre, “las autoridades tenían otros asuntos que atender”. El Abate no se resignó a cruzarse de brazos, sino que con gran valentía se dirigió al corazón mismo de los parisinos. Irrumpió en forma sorpresiva a los estudios de Radio Luxemburgo en la hora de mayor audiencia y lanzó en directo su mensaje desgarrador. “Una mujer acaba de morir congelada esta madrugada en la acera del bulevar de Sebastopol (en pleno centro), mantenía en la mano la notificación de desalojo de su vivienda. No podemos aceptar que mueran más personas como esta mujer. Cada noche dos mil personas soportan el hielo, sin techo, sin pan, más de uno sin ropas. Hoy, no mañana necesitamos cinco mil frazadas, 300 tiendas de campaña, 200 ollas para preparar comida caliente. Venid los que podáis con camiones para ayudar al reparto” La reacción fue positiva, los parisinos acudieron masivamente al llamado de solidaridad. Gran cantidad de vehículos durante muchas horas, descargaron la ayuda. El milagro había sucedido.

 

A partir de aquel dia, cientos de voluntarios ayudaron a recoger a los desamparados de las calles de París, médicos y hospitales se pusieron a disposición del religioso. Numerosos casos de tuberculosis se descubrieron entre los sin techo. La obra para los “traperos de Emaús” estaba en pie y no se detendría ya más. La recaudación llegó a un mil millones de francos y fue tal la popularidad de nuestro héroe que más de uno escribió “El Abate Pierre al poder”, ni pensar que se hubiera convertido en un conformista, al obtener reconocimiento público a su labor se elevó a cimas tan altas que Francois Miterrand o Jacques Delors y el mismo Jacques Chirac lo trataron personalmente y frecuentemente para oír sus sabios consejos y apoyarlo con sus traperos.

 

A veces Dios utiliza a éstos hombres como el Abate Pierre para que veamos todos que Su presencia no nos abandona. Emaús nació acto seguido de la Segunda Guerra y aunque hoy millones tienen techo, televisor, coche y ordenador, todavía 800 mil carecen de techo y dos millones viven en condiciones desastrozas, sostenía el Abate poco antes de su muerte. Es cierto que cuando muere un gran hombre, recién se lo empieza a valorar, aunque este religioso quizá fue una excepción, porque en vida era considerado “la reserva espiritual de Francia”, el “iluminado de la Caridad”, la “conciencia viviente”, puesto su voz se oía cuando las cosas iban mal, tenía la virtud de sacar a los franceses de su modorra. Su boina y su luenga barba trascendieron Europa sus traperos llegaron a 35 países, asceta y popular reconocido por pobres y ricos podía darse el lujo de señalar sus faltas a los más poderosos ya que tenía toda la autoridad moral de un moderno profeta.

 

A los 94 años murió en un hospital, Francia se estremeció y radios y televisoras repitieron su grito de 1954, “Amigos, socorro! ¡una mujer ha muerto congelada esta noche!” que simboliza la mayor cruzada de solidaridad jamás emprendida en Paris, del que arrancó un gigante plan de vivienda urgente para los desamparados. Enseñó a los desamparados a valerse por sí mismos reparando y revendiendo los objetos útiles extraídos de las basuras.

 

Qué designios de Dios! Este hombre de salud débil y poco peso, acosado por enfermedades que lo llevaron a permanecer 22 meses en hospitales y soportar 15 intervenciones, tuvo la fortaleza espiritual de emprender su lucha por “los sin techo”. En sus funerales el Presidente Chirac anuncio la promulgación de una Ley expresa para dotar de vivienda a quién la necesita, la se llamará Abate Pierre. Nacido de familia acomodada, empleó su tiempo y su fortuna en favor de los pobres. De sus Traperos de Emaús se escribirá mucho, a lo largo de las grandes ciudades del mundo donde están asentados, y del “banco de alimentos” y “contra la destrucción de los excedentes agrícolas” comida y alimentos que se echan al mar o se incendian para evitar la caída de los precios de los inversionistas.

 

Chirac declaró “su desaparición toca a Francia en el corazón. Fue un peregrino de los sin techo, sin cobijo ni derechos”. El Abate entró en la historia cuando un dia de crudo invierno lanzó su rebelión contra la pobreza y proclamó como Francisco su modelo de vida, ya a los 19 años cuando se consagró a la Orden de los Capuchinos. Toda su vida fue una solitaria carrera contra las injusticias y la miseria. Gran orador, habilísimo negociador y político apartidista supo trabajar por la causa de los pobres en tiempos de guerra y de paz.

 

Este sacerdote que vivió contra todo pronóstico hasta los 94, fundó sus Traperos de Emaús que se extendiera a más de 40 países “para dar a los hombres y mujeres una razón para seguir viviendo” tarea que cumplió en forma admirable y persistente. Hizo de la caridad una virtud para resolver la dramática carencia de un techo que los desamparados no tenían antes de llegar a sus puertas. En las gélidas noches del invierno escandinavo, con varios grados bajo cero, podemos comprender su obra de “dar posada al peregrino, abrigo al que lo necesita” al igual que la realizada por el misionero Jean-Erik Mårtensson con su Meros en ayuda de los sin techo de Gotemburgo, frente a ciertos políticos que consideran más importante construír puentes o túneles vistosos y desatienden al hombre y sus elementales necesidades de casa, comida, salud y educación aún dentro de la “sociedad de bienestar” en que nos hacen creer que todo está hecho y que nada nos hace falta.

 

 

 

 

 

En Francia, su país natal, su fallecimiento causó tan honda conmoción que movió al Presidente Jacques Chirac a expresar el sentimiento generalizado de toda la nación. Ninguno de sus compatriotas ignoró la huella de solidaridad que dejó este venerable anciano. Aunque nuestro país sólo pudo recibirlo en esporádicas visitas, no olvidará, como lo hizo presente un artículo de nuestro diario de 4 julio de 1959, al comentar la visita del Abate Pierre, que en su sonrisa "se percibe un gesto de fraternidad enmarcado no obstante en una faz patéticamente estilizada por los sufrimientos propios y ajenos".